lunes, noviembre 03, 2008

La pregunta

Luego de una mañana agitada de trámites y mandados, lo único que pretendía era llegar de una vez a casa, sacarme la ropa y los zapatos y descansar del bullicio, los bocinazos y parloteo de la gente que se queja como un bandoneón arrabalero. Pero la mañana no terminaba allí, todavía me quedaba una instancia de lo más pesada, esperar colectivo por interminables minutos.

En la parada de colectivo es inevitable encontrarse con alguien, que por aburrimiento se pondrá a charlar. Y así fue nomás, por esas cosas del destino, por casualidad o simplemente por coincidencia se me arrimó una vecina de un barrio en el que alguna vez viví.

Una no tiene más intimidad que la de haber compartido la misma manzana del barrio. haberse cruzado algunas cuantas veces en la verdulería e intercambiar diálogos del estado del tiempo, los precios de las verduras y lo nutritivas que son las acelgas. Diálogos inconsistentes, banales, que tienen algunas mujeres dentro de la rutina cotidiana de la casa, las criaturas y el marido fofo. Pura magia pueblerina que convierte a personas totalmente extrañas en casi familiares.

En continuidad con esas costumbres que no quitan ni ponen nada al currículum vitae de las personas en cuestión, me dispuse a soportar el cuestionario de rigor.

-¿Cómo estas? ¿Tu familia bien?, ¿tu mamá? ¿Tanto tiempo que no te veía? ¿En que barrio vivís ahora?-

Con rigurosidad y pocos detalles contesté cada pregunta, a la espera de la de siempre. Es inevitable, todas quieren saber lo mismo, si una ha sido capaz de conformar una familia y desde luego, lo más importante, si una ha sido capaz de conseguir un "hombre". Si esto es así, se pasará a integrar el equipo de las casadas triunfantes y si no, el de las sospechadas perdedoras. "Por algo ha de ser que esta está sola" "a esta no se lo conoce nada, en que andará" mastican entre dientes mientras intentan clasificar a la cuestionada, que en este caso vendría a ser yo.

Siguió con las preguntas periféricas para ir acercándose al punto, a lo que en realidad quería que le contestara.

-¿Tus sobrinos deben estar grandes?...

Luego de mi "¡puf! Enormes!" el silencio fue rompiéndose con el sonido imaginario del un rulo de tambor de esos que hacen en el circo los creadores de clima ante la pirueta más peligrosa del equilibrista.

Se viene, me dije, preparando mi lengua para pegarle el latigazo.

- ¿Y vos? ¿No tenés chicos? ¿Te quedaste solita?- Dijo, con ojos brillantes maliciosos, expectantes como un ave de rapiña a punto de cazar a la indefensa presa acorralada.

La Sra. curiosa sentía la necesidad de escuchar la respuesta que en otras épocas yo le hubiera dado. Que estaba sola, resignada y fracasada. En pocas palabra, solterona, cuarentona, sin hijos, sin marido, a lo sumo, con un perro me ladre.

Mientras preparaba la respuesta imaginaba la típica escena de las películas del oeste en el instante en que el pistolero mal herido con sus ultimas fuerzas desenfunda apunta y tambaleando dispara.

- ¡No!- respondí.

- ¡No! - afirmé altiva, orgullosa. - ¡Yo no estoy sola!- mirándola directamente a los ojos, escudriñando sus gestos, fotografiando el momento, que por desgracia, no podía compartir con nadie más.

-Yo hace siete años que estoy en pareja- le dije.

-Ah! - respondió la doña con un gesto de sorpresa, que no sería el último.

- Estoy en pareja con una chica, con una mujer, Soy lesbiana y la verdad es que soy muy feliz con mi novia -

La boca de la doña quedó entreabierta y parecía no poder cerrarse, como si un hueso de dinosaurio le hubiera trabado la mandíbula. Aún así, trataba de balbucear una respuesta intrascendente como su propia vida.

Seguí muy suelta de lengua diciéndole: -Estamos esperando que salga la unión civil en la provincia de Santa Fe así nos podemos casar y conformar nuestra familia. Queremos tener una hija, tal vez el año que viene comencemos los trámites para la inseminación. Estamos muy ansiosas de ser madres.-

En ese instante la Sra. que tanto interés tenía en saber de mi, dejó de interesarse y se corrió unos metros, supongo que por las dudas.

El ave rapaz perdió interés en la presa porque al parecer era más grande de lo que su pequeño pico podía imbuir.

Luego de un rato de silencio llegó el esperado colectivo al que me subí triunfante.

Desde la ventanilla saludé a la señora con mi mano y con una sonrisa, como una nena que saluda a cualquiera cuando da vueltas en una calesita, contenta por haber hecho un humilde aporte a la visibilidad lésbica. Feliz por haberme mostrado tal cual soy y sin más mentiras. Orgullosa de mi lengua que ya puede pronunciarse ante cualquiera como siempre debería haber sido.

Aliviada, emprendí el regreso a mi hogar al encuentro con la mujer de mi vida, a disfrutar del espacio que supimos construir coronadas de gloria y laureles amén.

4 comentarios:

romério rômulo dijo...

gal:
te cumprimento pelo blog relevante.
romério

marga dijo...

impecable tu actitud

felicitaciones, yo hubiera hecho lo mismo :)

Minako Readman dijo...

jajajajajaja bien hecho Gal!!!!!!!!
saludos!!

Tanshu dijo...

Me gusto el relato, y me gusta que todas podamos aportar un granito de arena a esta visibilidad lesbica, saludos y gracias por pasar por mi blog.